Cuando una persiana se rompe, normalmente no hay dudas: toca repararla o cambiarla. Lo que pasa más desapercibido es otra situación mucho más común. La persiana sigue funcionando, pero ya no protege la vivienda igual que hace unos años.
Es fácil no darse cuenta porque el cambio suele ser gradual. Un poco más de calor en verano, algo más de frío en invierno o una habitación que pierde confort antes de lo habitual.
Una persiana no tiene que dejar de funcionar para dejar de aislar bien.
Si al leer dos o más de las siguientes situaciones piensas "eso me pasa en casa", probablemente tus persianas ya no estén ofreciendo el mismo aislamiento que cuando eras nuevas.
Cinco señales de que tus persianas ya no aíslan como antes
El cristal de la ventana se calienta mucho aunque la persiana esté bajada
SI al tocar el cristal notas que acumula mucho calor incluso con la persiana bajada, es una señal de que el conjunto ya no está ofreciendo el aislamiento de antes. El desgaste de las lamas, pequeñas holguras o un cajón con pérdidas pueden reducir su eficacia con el paso del tiempo.
Entra más luz con la persiana totalmente bajada
Las pequeñas franjas de luz entre las lamas no solo afectan al oscurecimiento de la estancia. También indican que la persiana ya no cierra como debería, algo que puede repercutir en el aislamiento.
Notas corrientes de aire junto a la ventana
Muchas veces se piensa que el problema está en la ventana cuando, en realidad, el aire entra por el cajón o por alguna zona deteriorada de la persiana. Es un detalle que suele pasar desapercibido y que puede marcar la diferencia tanto en verano como en invierno.
El mecanismo sigue funcionando, pero ya no lo hace igual
Que una persiana suba y baje no significa que esté en buen estado. Si hace más ruido, se mueve con dificultad o necesita más esfuerzo que antes, es probable que algunos componentes estén acusando el paso del tiempo.
Las lamas presentan pequeñas deformaciones o holguras
Con el paso de los años es normal que algunas lamas sufran pequeñas deformaciones por la exposición continua al sol y a los cambios de temperatura. Aunque la persiana siga funcionando, esos pequeños desajustes pueden hacer que cierre peor y reduzca su capacidad de aislamiento.
Muchas personas cambian una persiana cuando se rompe. En realidad, suele perder parte de su capacidad de aislamiento mucho antes de llegar a ese punto.
Antes de decidir si es necesario sustituirla, merece la pena revisar el estado de las lamas, el cajón y el sistema de accionamiento. En algunos casos basta con cambiar un componente concreto. En otros, renovar la persiana completa puede mejorar el confort de la vivienda y ayudar a mantener una temperatura más estable durante todo el año.